domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Qué hacer?

Melancolía abrupta y pena desalmada.
Señor, me dijiste en tus palabras que encontré un tesoro
Y que absurdo disfrutar de una riqueza con semejante precio.

Mira que contradictorio, y con propiedad lo digo:
Se me fue una hermana que yo quería como hermana pero no era mi hermana.

Me queda un poco de amigo en pie, donde no puedo llegar a compartir su pena. El dolor de la muerte es tan solitario que todavía yo me siento solo y huérfano.

Me queda una Tribu que sigue sus pasos pero siempre recordando.



PLOP! Exijo una explicación.
De todos los dolores, el mio es el menor
De todas las indignaciones la mía es la menor
De toda la rabia, la mía es la mas pequeña.
¿Como entonces acompañar a los que me anteceden?


Señor, te entregue mis mejores blasfemias esa triste tarde llegando apurado a enfrentar la verdad. Incluso uno de los mios fue víctima de mi ofuscado y violento ser.
¿De qué otra manera podría seguir reteniendo toda mi maquinaria de emociones?

Por eso las detesto. Impredecibles son sus caminos.

Gracias a él, al más cuerdo de nosotros ese fatídico día, y a su sabiduría de treinta años, que con un simple gramo de violencia logre interpretar mi rabia.


Señor, Dios si lo prefieres...
¿Qué hacer?
Aún la recuerdo y me duele no tenerla...
Dejame saber si quiera si podre darle algo más de apoyo al Viejo Triste.
Tal vez, simplemente no es mi batalla. Pero quiero luchar.



Zesju.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me voy a afeitar pa no verme tan viejo


j peralta